Fernanado Savater..tan solo un gran genio filosofo gallego
...Suelo ser excesivo. Confieso que he nacido para lo demasiado.No en todo, claro está, sólo en ciertos vicios y para ciertas aficiones. escribo demasiado, viajo demasiado, me encolerizo demasiado, me enamoro demasiado de quien no me quiere, hablo demasiado, tengo demasiadas opiniones y no me las callo, gesticulo demasiado, grito demasiado, pretendo saber de demasiadas cosas, me río demasiado, lloro demasiado.Me deprimo más de lo debido y me divierto como un niño bobo, sin medida.Como es lógico, siento simpatía por la mayoría de los disparates y sobre todo por los extremosCuanto más exagerado es alguien, más irrefutable me parece. No me enorgullezco de esta debilidad -en sí misma excesiva también- pero tampoco quisiera curarme del todo de ella.Ya que no podemos ser infinitos, al menos seamos extremistas, que es como la versión "pueril" del infinito. Me dicen que todo está bien, pero con mesura.Yo sospecho íntimamente que todo está mal, salvo cuando es desmesurado.Nada resulta a la larga tan triste como la verosimilitudEl oráculo recomendaba: "De nada demasiado"... Es evidente que de todo no puede tenerse demasiado, pues en tal caso seríamos dioses. Pero busquemos al menos lo demasiado en algo. Porque el consejo del oráculo también puede leerse de otro modo: tenemos, queramos o no, demasiada nada por delante.. Nada grande se ha hecho sin pasión
y suelo ser asi , fernando ..
otra de savater..Es niño por excelencia, el que no sabe lo que va a pasar, el que no está familiarizado aún con las rutinas de la realidad, lo posible y lo probable, el que admite sin escándalo, pero no sin sobresalto, que ocurra cualquier cosa. El niño tiembla
ante lo desconocido de espanto, cuando imagina terrores inconcretos..pero también de gozo, porque todo es aún prodigioso y nuevo. Por eso entra en el mundo como en un cuarto oscuro, suponiéndolo enorme y pavoroso. Después, poco a poco, se van encendiendo las luces hasta que puede ver que la habitación es razonablemente pequeña, vulgar y bastante sucia. A esa revelación tendrá que resignarse a llamarla madurez. Quizá más tarde, si tiene suerte y los años le van empujando hacia la lucidez, y acabará por descubrir que la tiniebla no se ha disipado, que le acecha cada vez más cerca y que el pavor infantil acertó en su diagnóstico. Jugar con el miedo. Este miedo sobrevenido, contradice la madurez, obligatoria del adulto y le socava sin hacerle disfrutar: las personas mayores ya no sabemos jugar con nuestro miedo. Por eso añoramos los escalofríos de la inocencia, al sentir los del conocimiento... Los niños juegan al escondite con el pánico con la misma seriedad jubilosa con que corretean por el parque. Les encandilan los cuentos espeluznantes y la casa embrujada, porque forman parte de su entrenamiento para sobrevivir en el universo amenazador. Antes de saber qué va a pasar, tenemos que aprender a soportar el miedo de no saber lo que va a pasar: y la mejor preparación para sobrellevar sin achantarse al monstruo posible, es imaginar que ya ha llegado y corre tras de nosotros con zarpas afiladas. Por eso, las brujas y los ogros de antaño, los vampiros, los zombies, el tierno Frankenstein, los tentáculos del pulpo gigante, la criatura que gruñe en el fondo del ropero cuya puerta, mamá dejó entreabierta descuidadamente al salir del dormitorio apagando la luz... son simplemente..ensayos. Fernando, tendra razon, como simpre ..el miedo ante lo q vendra, parece q nunca desaparece...ni siendo inocentes niños, ni aun en la madurez del adulto entonces.. digo.. por lo menos debemos aprender algo de ellos, corriendo con la ventaja de saber que los monstruos no existen, sin perder la adrenalina, y tan solo dejando q la vida simplemente nos sorprenda tomando su rumbo. Parece dificil ..pero vale el intento
otra mas tuya, que decora mi blog..
Las libertades se limitan unas a otras. Como se ha dicho tradicionalmente, el límite de mi libertad es la libertad de los demás. Uno tiene libertad para proponer y para cooperar con otros, pero sabiendo que ellos también tienen su propia voluntad. El reconocimiento de la voluntad libre de los otros, es parte de la propia libertad que uno expresa. El límite es pues, la necesidad de aceptar el peso de las libertades ajenas. Mi propia libertad tiene como condición para poder ejercerse que yo esté dispuesto a aceptar el veredicto de las libertades ajenas, sean o no coincidentes con la mía.
¿Adonde fue cuanto perdimos? Los objetos extraviados o sustraídos, los detritus del cuerpo o del
alma macerados por el tiempo, los amores y amistad
desde que ya no son. Ellas y ellos, los sueños agotados.
Vivir es perder. También ganar o conseguir, a veces,
pero ya nunca del todo recuperar. Esto de la vida es
perdición y en aprenderlo consiste la mansedumbre
de la cordura y la insurgencia de la rebelión. Supondrán
ustedes que les escribo desde la melancolía
La lección de la obra es que cualesquiera otros podrían o podríamos
haber sido sus protagonistas, porque perdedores
son todos los que lo parecen, pero sólo como casos
ejemplares de quienes no lo parecen tanto. Cada
cual pierde lo que busca, pero además se pierde en lo
que busca.
Quizá por eso la mejor preparación para sobrellevar
la vida sea aprender el arte de romper con lo que
nos resulta adorable o aparentemente imprescindible.
concibe la vida como serie de rupturas o mejor ruptura en serie:
la que separa a los amantes y a los amigos, la de
perder al pariente fallecido, el hurto o extravío de obje
tos apreciados, el régimen terapéutico que nos veda
alimentos o bebidas preferidos, la renuncia al mundo
del asceta y también (aunque Matzneff no la menciona)
la que abandona el sueño del paraíso eterno
por el goce instantáneo.
la quiebra de ilusiones políticas o sueños gloriosos, las
aficiones rehusadas, los paisajes que ya nunca más
veremos, el envejecer que nos quita posibilidades
físicas y probabilidades sociales, el principado irrefutable
de la muerte que va a separarnos de nosotros
mismos y de todo lo demás. Quien quiera saber un
poco de vivir debe adiestrarse mucho en romper, hacerse
perito en despedidas, tiene que aprender a renunciar
con más curiosidad alegre que resignación.
and yet, and yet... negar la sucesión temporal, negar el yo, negar el universo astronómico,son desesperaciones aparentes y consuelos secretos... El tiempo es un río que me arrebata,pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume,
pero yo soy el fuego. El mundo desgraciadamente es real; yo, desgraciadamente, soy Borges” J.L.Borges
No hace falta recordar que la nostalgia es caprichosa.
Ella elige los auténticos acontecimientos
históricos para cada uno de nosotros, que rara vez
coinciden con los oficialmente consagrados como tales.
Al amor que sublima su deseo hasta el
punto de no tocar la carne amada se le llama ,
con bastante inexactitud, justo es decirlo, amor platónico
sábado, 18 de febrero de 2012
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